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Mensaje por René Montblanc el Vie Sep 13, 2013 12:37 pm




Historia



La sociedad se ha derrumbado; los escasos recursos disponibles en este, nuestro planeta, han quedado a manos de unos pocos privilegiados. La idea de un mundo rico y globalizado por igual no dio resultado. La creciente población africana devoró el globo terrestre. Lo que una vez fue una próspera América monopolista quedó reducida a una gigantesca fábrica de armas; Europa se había convertido en pura anarquía y Asia en un grupo incontable de hombres y mujeres dispuestos a morir por la supervivencia de las generaciones venideras. Únicamente un continente quedó excluido de esta ferviente tercera guerra mundial: Oceanía. Su posición  geográfica había conseguido que ésta fuese olvidada de la guerra por los recursos. Desde siempre, tan independiente, este pequeño continente había vivido en un mundo aparte, en una burbuja idealizada. Avanzada la guerra, Oceanía se había convertido en el continente más rico y próspero; perfecto campo de refugiados. La gente que podía permitírselo había viajado allí en busca de una nueva vida. Eso consiguió que, con el paso del tiempo, Oceanía se llenase de ricos magnates petroleros; de empresarios que antes de la guerra, habían amasado una gran fortuna y en general, de personas desbordantes de dinero. La mayoría fueron para la mejor zona australiana: Sydney, para entonces era una ciudad bastante hermosa, llena de bienes culturales; lo que la hacían convertirse en un bonito sitio donde instalarse. En pocos años, se llenó de grandes y lujosas mansiones; de barrios de ensueño. Si antes el continente en sí era una burbuja idealizada apartada del desastre mundial, ahora Sydney se había convertido en ese sitio con el cuál cualquiera hubiese deseado nacer y morir. La guerra seguía su curso, aunque los nuevos habitantes australianos la ignoraban por completo. Ellos ya estaban viviendo su fantasía; no tenían por qué preocuparse del resto del mundo.

Pero un detalle les había pasado desapercibido; mientras ellos explotaban aquel continente virgen y vivo las mafias procedentes de la misma Australia y de otros países traían gente no demasiado adinerada al continente sibarita. Por Tasmania llegaba gente de todo tipo en barcos y portaaviones. Su perfecta ciudad se estaba infectando por el virus que la guerra había traído. Tenían que hacer algo; debían de hacer algo: Tomar el control de Australia. Aquel selecto grupo se autonombraron gobernadores y redactaron estrictas leyes para independizar Sydney del resto del continente. Nadie podría entrar ahí sin su permiso. Cualquier ciudadano de la ciudad de las maravillas debía tener cierto nivel económico. Pero el resto de la desesperada población australiana también quería entrar, disfrutar de ese nivel de vida. Pero para su desgracia la guardia se había intensificado y cualquier acto de rebeldía sería severamente castigado. Aquello era divertido; tener el poder era divertido. Al parecer de la nueva monarquía conjunta; el resto de Australia eran como unos perritos dóciles con los cuales podían hacer lo que quisiesen. Y de eso justamente quisieron aprovecharse los miembros de mafias que podían permitirse vivir en Sydney. Crearon un nuevo negocio que a ojos de la ley fue nombrado como: *Vivire*Cerberus project o el proyecto de integración de gente de bajos recursos. A ojos de la fría objetividad aquello era tráfico de personas. Todos conseguían lo que querían, ¿no? Muchos chicos de los suburbios australianos al oír las ofertas de los mafiosos se entregaron sin pensarlo. Podían vivir en Sydney a cambio de ser vendidos a algún niño rico como mascotas humanas. La verdad es que el negocio tuvo muchísimo éxito. A las afueras de Sydney se fue creando un macrocomplejo de tiendas donde se seleccionaban a los chicos elegidos para ser mascotas. (Pero si las mafias encontraban a alguno interesante que no estuviese dispuesto a entregarse voluntariamente...lo conseguían a la fuerza. Pero claro, a ojos de la ley, todos eran voluntarios. Nadie era secuestrado y ningún niño era comprado a sus familias). Para que no hubiese líos entre aquella exigente gente únicamente se vendían mascotas hombres ya que, el hecho de que embarazasen a una chica esclava era denigrante. Ésta, al contrario que cualquier chica adinerada, no podía permitirse un aborto a tiempo ni ningún tratamiento de esterilización. Además de que las chicas no solían acudir a este tipo de negocio; no estaba muy bien visto y tenían miedo de que, pese a todos los tratamientos para no quedarse embarazadas, esto pasase. Serían mal vistas para siempre y excluidas de su selecto grupo. Ellas eran emparejadas con chicos de su misma situación económica para que la fortuna de su familia perdurase.

Con el tiempo, el negocio se hizo muy popular. En las tiendas comenzaron a venderse todo tipo de juguetes para las “mascotas” y muchas se convirtieron en auténticos burdeles. Muchos chicos de las clases más bajas vieron este negocio como una oportunidad para ascender en la escala social. Además, otro tipo de ciudadanos decidieron unirse al macrocomplejo usando los avances de genética. Dada la baja moralidad que se había conformado; surgieron industrias de creación de personas en masa; la cuál estaba mejor vista para la gente más exigente ya que los chicos no provenían de las clases más bajas y estaban mejor formados. La era Cerberus había llegado.



René Montblanc
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